En la habitación de Ana había un baúl lleno de cosas para disfrazarse: sombreros, gafas, guantes, blusas, vestidos, pañuelos, varitas, collares, diademas, orejas peludas, telas de diferentes texturas y colores… Se disfrazaba a todas horas y en cualquier lugar, en
casa, en la escuela o cuando se iba de viaje con su familia, como si buscara agotar el catálogo de personajes imaginables.
Basado en una historia real.