La pugna entre los líderes de extrema derecha y la población es una cuestión de sometimiento. Más allá de imponer salvaguardas morales que protejan la democracia, es necesario comprender qué vuelve a las personas vulnerables al fascismo, que dirige la frustración colectiva hacia la agresión contra colectivos específicos.Frente a la lógica de la fuerza y el dominio, se alza la potencia vital de lo femenino: plenitud e irradiación, capacidad de encuentro y de escucha, imaginación creadora y generosidad.